¿AUTO-OPOSICIÓN DEMOCRÁTICA?

Y mientras tanto, el conductor del programa decía: “Hay gente que quiere que al Presidente de la Nación le vaya mal, hay gente que no quiere que al Presidente le vaya bien…” Curiosamente subjetiva forma de medir los términos de la democracia.

Últimamente estuvo sonando mucho aquella cantaleta que replica: “tenemos que celebrar que estamos en Democracia”, cuestión que a priori pareciera incluso hasta obvia, sin embargo, será justamente preguntarnos a que se debe un planteo qué, en tal caso, ni siquiera debiera haberse efectuado. ¿Estamos entonces ante una paradoja de acto fallido? Es que no se trata sencillamente de parafrasear con la Democracia, por el contrario, es el mismo juego democrático, el que se supone nos acerque las herramientas a partir de las cuales superarnos, en afán de una mirada crítica, al respecto de los avances en nuestras sociedades. Por lo tanto, resulta imprescindible, a los fines de generar panoramas inclusivos, poner permanentemente el énfasis  en el universo al cual debiera estar sujeta la Democracia, como tal. Es decir, ¿para quiénes la democracia?, ¿cuál democracia?, ¿de  qué democracia estamos hablando? Y es en este sentido, que el mensaje del periodista restringe peligrosamente la generación de conocimientos. Dicho de otra forma, no hace sino ocultar el concluyente recado: arrodillémonos ante el líder, ocurre que NO lo votaron (al Presidente) para que le vaya bien a él. Y si ese fuera el caso, estamos en la Argentina, ante una persona a quien ya desde la cuna le ha ido muy bien. Quienes hayan decidido elegirlo Presidente, en su mayoría, muy probablemente lo hayan hecho pensando que representaba la mejor opción de cara a la población del país. Porque así es como se vota en democracia. A menos que millones de personas se pongan de acuerdo en parar un día de su vida para hacerle todos juntos la vida mejor a una sola persona. Raro, cuanto menos. No olvidemos tampoco que muchos de los más terribles tiranos de la historia han sido elegidos democráticamente.

Por otro lado, también a mano de comunicadores agudamente familiarizados con la causa, el relato que nos trae, contra todo tipo de visión opuesta a la gubernamental: “Desestabilizadores de la República”, justamente en un contexto de mandamases fanáticos del último Gobierno de facto, Cacciatore, por ejemplo, representa una de las figuritas idolatradas por el actual Jefe de Estado argentino, justamente el Brigadier, aquel que llevara adelante el plan de autopistas que, dicho sea de paso, sirvieron para ocultar los cuerpos de Desaparecidos. Y como si esto fuera poco, cuando se le pregunta al Presidente por qué Cacciatore, y sí, por las autopistas… Para colmo de males, retomando viejas historias, nos madrugamos con una nueva intervención judicial del Partido Justicialista.

En medio de este clima de época, faltará imaginar o suponer que serán las mismas fuerzas hegemónicas, del hoy, las que terminen por proponer los candidatos y las formas de liderazgo y oposición, en vistas de las futuras elecciones presidenciales.

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