Casi una experiencia religiosa

Estas últimas semanas, nos han encontrado embebidos en una serie de denuncias que, no solo, han puesto en jaque la legitimidad del Gobierno brasilero de facto (asumiendo el cargo tras un juicio político contra Dilma Rousseff), sino que también, han salpicado a su par argentino y a la oposición venezolana, en los términos del financiamiento externo de sus respectivas campañas, incluyendo la funcionalidad mediática contra los gobiernos a los cuales se ha buscado ensuciar primero y correr, luego, del escenario político. Es decir que, al igual que en los años de las dictaduras, en la baja América, los grandes monstruos imperialistas siguen haciendo de las suyas: Golpes de Estado, Golpes Parlamentarios o Golpes Mediáticos, según el caso lo requiera.

En el contexto particular argentino, si bien el Gobierno ha sido elegido urnas electorales de por medio, no por eso dejaremos de ver los términos prioritarios que dirigentes impopulares puedan designar a los roles de la Historia. Por ejemplo; el 24 de marzo (contra-celebración al aniversario de la dictadura: 1976) invitando al Presidente de los Estados Unidos, teniendo en cuenta lo que el Plan Cóndor, diseñado por la CIA, ha significado. El 9 de Julio (día de la Independencia), compartiendo acto público con el Rey de España para decirle que supuestamente José de San Martín sintió angustia al liderar una guerra de liberación de tamaños continentales, o la últimas apariciones, saludando al Gobierno inglés, a través de un folleto que borra del mapa a las Malvinas. Sin olvidarnos de una comitiva, con Mauricio Macri a la cabeza, que ha sido la primera en reconocer al nuevo Gobierno brasilero, celebrando “otro triunfo contra la corrupción”. Claro está, que todo está estudiado. Ya sea por burla o desafiando los Organismos de Derechos Humanos, hoy la soberanía ha pasado a ser postergada, en vistas de arrodillar nuestros suelos y nuestras capacidades intelectuales de cara al mundo.

Respecto a las razones del triunfo electoral, las promesas, siempre de cara al futuro, han quedado ahí, de cara al futuro… Tarifas aumentadas en proporciones impagables, cada vez más pobreza (lejos de generar las condiciones aquellas de “Pobreza Cero”) y como la Historia es también social, el discurso nunca mediado por su correspondiente pena de traición, nos pone a mano el excarcelamiento a genocidas, quienes fielmente aseguran desde el palco que los desaparecidos son muchísimos menos (como sí de números se tratara) y un Presidente cuyo ídolo político se encuentra representado por la figura de Osvaldo Cacciatore, justamente su precursor, Intendente de la Ciudad de Buenos Aires, allá por los años de la Dictadura. Pero, obviamente, todo esto no podría valerse por sí solo, siempre de cerca acompañará la maquinaria justificadora. Los mismos que en aras de la “objetividad” no dudan ni un instante en aclararnos, por las dudas: “en este caso hay que decir que el Estado está haciendo bien las cosas…”, “El Estado está, ahora, actuando con mucha responsabilidad…”, “se está tomando con seriedad el tema…”

Paradojas de la Memoria, por quienes subieron hablando del “curro de los Derechos Humanos” advirtiendo que no estaba bueno escarbar en las cloacas del pasado pero que, sin embargo, planteando casi una apuesta religiosa, no han cesado en defenestrar, complicidad televisiva mediante, al recientemente saliente Gobierno.  El afán destructivo nos deja hoy ante las puertas visibles de dos nuevos panoramas: o bien, las prematuras dirigencias reinantes han sido tan malas y tan corruptas que, incluso, hasta dejan bien paradas a las anteriores, salientes entre ríos de denuncias por corrupción o; en todo caso, podremos decir que aquellos periodistas, argentinos y brasileros, quienes tanto nos han querido meter en la cabeza todos los males habidos y por haber en las anteriores gestiones, dejan hoy en evidencia que sus labores informativas estaban siendo desarrolladas con un único propósito “en contra de…” Lo concreto, mezcla de decisiones regresivas, atentando todas contra las grandes mayorías y al no verse en aquellos comunicadores la esencia crítica que supuestamente los caracterizaba, sorprendéntemente, las encuestadoras terminan hoy por volcar sus estadísticas a manos de una alternativa que, de cara a nuevas elecciones, volvería a poner como candidatos más importantes a quienes ayer nomás se defenestraba (de haber elecciones hoy en Argentina y Brasil, las personas con mayor intención de voto vienen siendo Cristina F. de Kirchner y Lula Da Silva, respectivamente) . O no eran tan malos como se decía o, sencillamente, terminan siendo la única iniciativa viable contra los avances de la devastación.

El verdadero problema, más allá de su escasa difusión, pasa por el hecho de que una actualidad que posterga indignantemente su presente, termina de forma inevitable hipotecando su futuro. Tal es el caso, de una patria en la cual los jóvenes han resignado sus estudios universitarios, en tanto que sus padres han sido expulsados del mercado laboral, encontrándose los primeros en la disyuntiva obligada de tampoco permitirse si quiera soñar el mundo del mañana.

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