Egoísmo social

“No sé, no miro televisión, Tinelli es una vergüenza…”  “Nunca me deje influir por la televisión, no me interesa…” Todos hemos sido, o estamos siendo, en algún punto de nuestras vidas, víctimas de la creencia de mantener una postura que nos hace únicos, especiales e inigualables. Mayormente atendiendo a visiones críticas, en base a fenómenos  de los que, muy probablemente, ni siquiera  participemos. Menos aun siendo verdaderamente receptores quienes por nosotros sean criticados.

Recuerdo allá por el 2005, transitar entre boinas del che Guevara,  junto con colegas estudiantes de Sociales y al hacer algún comentario, en referencia a una leve empatía, respecto del Gobierno de aquel entonces, se me tildó de muchas cosas entre ellas de keynesiano, acto seguido se me explicó enfáticamente que eso que veía yo bueno, representaba solo un “mal menor… “, “cambiar algunas cosas para que en definitiva no cambie nada…” Ya que Marx, lo había dicho en uno de sus libros, de hace  ya casi 200 años (libro que, dicho sea de paso, bien había leído y que entre otras cosas había sido escrito con anterioridad a Keynes). Entendí que en algunos casos uno puede disponerse, por una causa, a guardar hasta la tumba, y en silencio, cualquier cosa que pueda quizás gustarnos por afuera de ciertos principios de los que nos creamos dueños, jamás diciendo nada que pueda alertar nuestros más pequeños círculos íntimos, a pesar de sabernos de espíritu crítico. Todo en oposición a quienes puedan pinchar con un comentario que, más allá de su veracidad o no, no se encarrile dentro de los parámetros ortodoxos a defenderse. O estás adentro del egoísmo social, o serás, más bien, una mentira sin falacias.

Todos lo sabemos todo, porque todos opinamos todo, permanentemente. Todos sabemos enseñar las culpas, obviamente, en referencia a otros, nunca empezando por uno mismo. Y valiéndonos, para ello, de ventanas que nos abre el sistema, gritándole al mundo todo lo afuera que, de ese mismo sistema, se supone estamos. Por el otro lado, los tristemente célebre Autobombo-Facebook, a manos de los mismos intérpretes, esos recientes críticos del afuera que, lejos de movilizarnos por sentimientos autocríticos nos vemos en la obligación de mostrarnos en tanto grandes cocineros, enormes deportistas, conocedores de la noche o, por caso, siempre al pie del cañón, en todo movimiento social que permita la foto que dé nuestros dotes transgresores.

Tan importante parece ser lo que hacemos o dejamos de hacer en lo cotidiano, que termina por confundirse lo público de lo privado. De esta manera, terminamos también por ser funcionales a una lógica, a partir de la cual, entre otras cosas, nos reconocemos en la importancia de definir, por ejemplo, temáticas de carácter público como la política, a partir de las vidas privadas de sus protagonistas y no en definitiva de sus respectivas labores. Entiéndase: La hermosa y dulce niñita del Presidente o; la “vergonzosa” relación de amoríos del candidato opositor. Estamos hoy asistiendo al triunfo de la discusión de las formas, por encima del mensaje en sí. Por ejemplo: es mucho más fácil caer en la cuenta de que mostrar las tetas al aire, termina siendo el foco de discusión más importante, comparado incluso con el histórico desenvolver de las luchas feministas y todo lo que de ello pueda desprenderse.

En esto de mezclarnos entre la masividad frenética de lo que se dice, terminamos cayendo en una vorágine, de la cual, no pasamos por advertido el desconocimiento con el que muchas veces se habla. Cuestiones de las que nos parece muy fácil exponer un remate, no obstante, sin siquiera llevar lo debatido a su correspondiente contexto. Simplemente trayendo a la charla latiguillos preexistentes, como para coronarnos en tanto protagonistas innecesarios de causas mayores.

Porque de eso se trata, de pelear contra todas nuestras mentiras jamás contadas. Aunque no sepamos de que hablar, siempre tendremos algo para decir, porque en nuestras cabezas somos los únicos protagonistas de las palabras recitadas por nosotros mismos, aun cuando nadie nos esté escuchando.

5 pensamientos en “Egoísmo social

  1. Aveces pareciera que nos dejáramos llevar por una lógica que nos hace hablar más fuerte de lo que pensamos y creer que sabemos por encima de lo que hemos aprendido, sin reparo en todo lo que queda aun por aprender.
    Gracias a vos evavill!!!
    Abrazo grande.

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