El Campo de Mirtha

Decía la Señora, extrañamente politizada: “El campo va a salvar al país”… Y la verdad, resulta interesante, cuanto menos, percibir la urgencia de sus palabras, cayendo en la cuenta de que no hayan sido advertidos algunos detalles por la reina de la televisión argentina.

Por ejemplo, allá por la segunda mitad del Siglo XIX, campañas de exterminio, plagadas de asesinatos, masacramientos a pueblos originarios, con el fin único de arrebatar los campos, dejándolos en manos de las familias aristocráticas gobernantes, valiéndose así de vastas extensiones de tierra a suministrarse según sus propios criterios y para beneficios exclusivos.

Más adelante en el tiempo, el periodo golpista que recorre entre los años 1930 y 1943, tristemente conocido como: La Década Infame, época en la que curiosamente a pesar de la gran exclusión social reinante, Argentina posaba ante el mundo como una de las economías más importante y como la patria que alimentaba al mundo en periodos de guerra, de la mano de un modelo agroexportador, a partir del cual solo aquellas pocas familias se beneficiaban, lógicamente, en los términos de una explotación inescrupulosa de la mano de obra, entendiendo que los países del Primer Mundo que sacaban provecho, de estos servicios primarios, lo hacían a bajísimos costos. De aquí las Oligarquías, únicas ganadoras que tapaban la crisis social ostentando las ganancias, mientras que las mayorías vivían en ausencia total de participación política, con una distribución económica en los términos más desiguales posibles, hacinados y a la vez testigos de los grandes castillos e infinitas Haciendas de los Señores Patrones, este es un poco el mundo del Campo.

Ni hablar de las escasas familias que, a lo largo del tiempo, han sacado ventaja en los momentos de auge del campo. Podemos decir de alguna forma: Los verdaderos dueños del país. También denominados actualmente: Capitales concentrados, quienes ocultos desde los poderes económicos han manejado históricamente los destinos del país, sin la necesidad de participar abiertamente en la política. Más triste aun, los únicos favorecidos en periodos de grandes crisis de la Argentina. Los mejores ejemplos, podemos reunirlos a partir de los Ministros de Economía de la dictadura (1976-1983) y del menemismo (por no decir los ’90). Grandes paladines del Progreso a modo de recetario, bajada de línea (FMI, Banco Mundial). Hablamos por caso, de Neoliberalismo. Es decir que, siempre que al campo le fue bien, los mayores beneficiarios han sido grandes capitales extranjeros, inversores, atraídos por círculos aristocráticos excluyentes, Los Únicos, acostumbrados a repartirse la enorme torta, solo entre sí.

Lógicas esclavistas aún perpetuadas a los ojos del Siglo XXI, con gobernantes particularmente de los más importantes en Entre Ríos y Salta, ligados y denunciados ante una explotación rural, más bien, comparable con las formas de trabajo indignas de 200 años atrás. Paradojas del Progreso Primario, en un país que siendo salvado por el Campo, como a gritos pide la Señora, se entremezcla con un atraso permanente en lo que al trabajador refiera. Tal como en el ajedrez, la actualidad argentina nos debate las formas a partir de las cuales el Rey Primario o la Reina Mirtha, puedan defender sus intereses de la mano de aquellos peones que sepan ser leales a La Corona.

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